Xpiaani’: Su entendimiento, su discernimiento, su conciencia, su iluminación, su noción, su razón, su inteligencia, su juicio.
Se mira casi siempre para reconocer lo otro. Se mira a veces en conjunto. Se mira para encontrar la mirada, para sostenerla, para mirarse y reconocerse de cierto modo en los ojos del otro, miro al otro asintiendo lo que soy, pero también lo que no soy. Pero, ¿qué pasa cuando nos encontramos con el mundo complejo de otro al que no sabemos reconocer?
A través de este proyecto, lxs adentro en el mundo de Cosijopii, compartiendo mi proceso de exploración y de reconocimiento de los momentos cotidianos y mágicos en los que acompaño y fotografío a mi hijo con Trastorno del Espectro Autista (TEA). Mis imágenes no son una colección de signos que nos remiten a un diagnóstico. Por el contrario, busco acercarlxs a un mundo complejo e íntimo que nos habla de ese ser, que divide su mundo entre colores, sonidos, juegos, repeticiones y construcciones que conforman su xpiaani.
En este trabajo mi mirada es dual: por un lado, es suave y acompaña, y por otro lado confronta. Es una especie de prisma que refracta, refleja y descompone los colores en la pared, un juego de niños que nos permite adivinar de dónde vienen los colores, por qué la luz los atraviesa y cómo se crean colores-momentos de forma inexplicable a los ojos tiernos de un niño. Nos sorprendemos al reconocernos en esos pequeños momentos cotidianos, que nos remiten a nuestra infancia o a una infancia que hemos perdido, y que estas imágenes nos la regresan suavemente mientras garabateamos en las paredes, reproduciendo experiencias y memorias del cuerpo.
Aunque quizás ya hemos sido afectados por esa primera memoria donde sostengo a mi hijo en un río, mientras él de a poco descubre sus movimientos en esta nueva agua, en este nuevo mundo.
Y cuando decido confrontar a través de la lente, nos encontramos en esos ojos que te descubren mirando a mi hijo envuelto en una especie de capullo, alejado y protegido de esa mirada que escudriña. Pero también lxs miro a los ojos con mi hijo en brazos, los dos desnudos en un abrazo que sostiene, que me sostiene y que nos encuentra. Mientras lxs invito a escuchar: “en mi mente tengo grabados bellos cantos de un niño, como un rayo, con viento, que con fuerza cae a la tierra mojada”. Ese rayo cae, el sonido se duplica y se replica por los rincones, se transforma en un grillo, en un tren, en un eco que acompaña nuestro recorrido por nuestra propia infancia-memoria.
A continuación, presento fragmentos del registro visual de este proyecto.


